La Impulsividad en el Aula ¿Qué Hacer como Docente?

Publicado por Ligia Olmedo Santillana el 15 mayo, 2018
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“La impulsividad es la causa del comportamiento inadecuado, la precipitación de la respuesta hace que no entren en marcha los mecanismos de reflexión que seleccionarían una respuesta más adecuada. Una respuesta probablemente más racional y menos emocional” Fundación CADAH

La disminución de respuestas impulsivas genera la posibilidad de mirar “al otro”, escucharlo, observarlo y tomar en cuenta lo que le sucede. Esto podría también suceder ante un evento o ante una situación experimentada por el propio individuo. En cualquiera de los casos si la impulsividad disminuye se incrementa la posibilidad de pensar acerca de los elementos en juego, analizarlos y plantear una acción para resolver.

Surgen algunas preguntas ante este tema ¿Se nace con el control de impulsos o es generado por influencia de los genes?, ¿Se adquiere en casa o en escuela? En realidad, el control de respuestas impulsivas se aprende en la familia, durante las primeras interacciones y este aprendizaje tiene que ver con la respuesta social (lo que el niño va entendiendo que es viable o no a partir de sus conductas). También se relaciona con el grado de madurez en diferentes áreas, por lo que puede haber dificultades en el control inhibitorio si se tiene un desfase en el desarrollo o alguna alteración neurológica.

La infancia es una etapa clave para intervenir y prevenir problemas de aprendizaje y de regulación de la conducta.

Gemma Alsina Masmitjà explica en un artículo titulado “Educar la impulsividad”, que la dificultad excesiva para inhibir las respuestas impulsivas ante las necesidades o deseos internos o ante los estímulos externos deteriora la capacidad de autogobernarse y, por tanto, obstaculiza una serie de procesos cognitivos básicos para el aprendizaje escolar.

Tomando en cuenta lo expuesto se puede ver la relevancia del trabajo en el aula (ambiente que provee oportunidades infinitas para mejorar el control de respuestas impulsivas).  Una buena practica educativa podría mejorar la educación de la impulsividad, la auto regulación y la práctica de habilidades de pensamiento.

El docente puede ser un modelo, que enseña, desglosa y analiza formas de manejar conductas impulsivas; esto se logra “pensando en voz alta”, esta estrategia consiste en verbalizar los procesos cognitivos por los que se atraviesa antes de tomar una decisión o actuar para resolver un conflicto. Entonces el maestro no dice que hacer a los niños o como solucionar, en lugar de esto describe lo que realiza mentalmente y modela los pasos mentales a seguir (como una opción).

Una de las actitudes a aprender o practicar por parte del docente es la anticipación, ya que visualizando que puede ocurrir tendrá el espacio para planear la reflexión e incluso prevenir situaciones que no son benéficas para la dinámica del grupo; enseñando a parar y pensar antes de tomar una decisión. En el aula esto contribuye al pasar de una actividad a otra, si el maestro es observador y se anticipa lograra una actividad de transición que prevenga un caos y de orden a su clase o dinámica.

Evitar conscientemente que los niños aprendan por ensayo y error repetidamente es una de las metas. Se pretende que después de un error exista la reflexión para plantear una respuesta diferente o enriquecida y que ante una situación similar (en la que anteriormente se falló) exista la posibilidad de pensar antes de actuar.

Solo esta meta dará al docente mucho que hacer, pero también mucho que ganar. Aprender a pensar, a contar con periodos de silencio (e inclusive tensión) ante la selección de la hipótesis correcta, dará frutos en muchas áreas de la vida de nuestros niños; mejorara la resolución de test, agilizará la participación grupal (haciéndola más productiva), elevara la calidad en la interacción, incrementará el rendimiento académico y disminuirá la necesidad de repetición de indicaciones y explicaciones por parte del docente (llevando a los alumnos a mostrarse más independientes y capaces).

El docente requiere entonces parar su propia impulsividad, dar y valorar espacios para el proceso cognitivo.

Después de contener espacios para pensar se contará con la posibilidad de enriquecer esos espacios por medio de preguntas, planteamiento de dilemas o realizando un contraste o distinción de elementos.

Promover en el niño que tiene reacciones impulsivas la toma de conciencia sobre estas y la búsqueda de estrategias para su manejo es el objetivo final. Brindarles herramientas para que ellos mismo se regulen cambiara sus vidas radicalmente.

Fuentes consultadas:

  • Educar la impulsividad, prevención de las dificultades de aprendizaje, Gemma Alsina Masmitjà, 2018.
  • fundacioncadah.org

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